Vecinos de la zona de Arroyo Leyes y Rincón Norte reclaman la construcción de defensas similares a las que existen hasta el kilómetro 8 de la Ruta Provincial 1, que protegen el casco histórico del pueblo, Villa California y Colastiné Norte. Lo hacen porque están preocupados por las consecuencias que seguramente traerán apareadas futuras crecidas del río y frente a la explosión demográfica que este sector experimenta desde hace años.
La inquietud de los vecinos es comprensible. Máxime, luego de los graves inconvenientes que el fenómeno de El Niño provocó en toda esta zona del Gran Santa Fe durante los primeros cuatro meses de 2016. Al riesgo que inevitablemente corrieron las defensas por esta crecida extraordinaria, se les sumaron los efectos de las napas altas que obligaron a numerosos habitantes de la Costa a autoevacuarse.
El reclamo de Arroyo Leyes y Rincón Norte se asemeja al que en su momento elevaron los vecinos de Colastiné Sur. También ellos piden obras de infraestructura que los protejan de las aguas del Paraná.
Sin embargo, resulta improbable que unos y otros logren ser escuchados por las autoridades nacionales, provinciales o locales. Es que, así como en la década del noventa se pensó que la construcción de un anillo defensivo no consolidado podía resolver los problemas de inundación de la zona, las experiencias posteriores demostraron que aquella obra resultó contraproducente.
No sólo porque ninguna defensa con estas características puede ser infalible ante el sexto río de llanura más caudaloso del planeta sino porque, la construcción de este anillo incentivó la radicación de miles de nuevos habitantes en loteos que se multiplicaron de manera desorganizada en tierras inundables y sin servicios básicos como agua potable, gas y sistemas cloacales.
Durante los últimos tiempos, las autoridades de la ciudad de Santa Fe resolvieron decir la verdad con total crudeza a quienes habitan en este sector de la costa. Lo peor que podría suceder, es que no estén advertidos sobre los riesgos que corren ante crecidas extraordinarias o que se les permita vivir con la ilusión de obras cuya concreción es por ahora improbable.
La reciente crecida, que se prolongó durante cuatro meses, demostró que no existe obra de ingeniería que pueda frenar el afloramiento de las napas. Mucho menos, cuando el fenómeno coincide con lluvias extraordinarias y el agua no tiene cómo escurrirse.
Los especialistas estiman que las temporadas de ríos altos y fuertes lluvias se repiten, en promedio, cada siete años y con distinta intensidad. Frente a tales circunstancias, es importante que la población modere sus expectativas y se prepare para actuar de manera adecuada ante las emergencias.
En este contexto, en otras zonas de la ciudad se avanza en el traslado de familias que habitan zonas bajas e inundables. La Municipalidad de Santa Fe, el gobierno provincial y la Nación, establecieron distintos acuerdos para aportar lo necesario para iniciar una serie de obras imprescindibles.
Se estima que en menos de un año, las primeras 60 familias que se inundaron durante la reciente emergencia hídrica deberán recibir sus nuevas viviendas que se construyen en el barrio Nueva Esperanza Este, con fondos principalmente nacionales y aportes de la provincia.
